2008-03-11

Ariztondo (II) - Consideraciones hacia la paridad

OCHO CONSIDERACIONES (vivencias o convicciones) que nos sirven para el análisis, y además nos aportan pautas para seguir avanzando hacia la paridad.

1.Cuanto más he avanzado en niveles de responsabilidad profesional, más fuertes son los obstáculos y, a la vez, mayor y más sólido mi compromiso con la igualdad real de hombres y mujeres.

2.En la lucha democrática por la igualdad, prefiero el lobby al ghetto, considero mejor participar donde se toman las decisiones y no en espacios cerrados dominados por el sentimiento de agravio. Pero defiendo también, por convicción reivindicativa, los foros exclusivamente femeninos (grupos de trabajo, tertulias, foros de mujeres profesionales,) al menos mientras subsistan los foros exclusivamente de hombres.

3.Creo que hemos de procurar la complicidad, especialmente de otras mujeres y también de los hombres. Porque el reto es construir entre todas y todos una sociedad donde las mujeres seamos tan visibles como los hombres.

4.Defiendo las cuotas y otras medidas de acción positiva como medios para avanzar. Porque cuando existe una situación de desigualdad, y las leyes democráticas protegen y la ausencia de ley profundiza en la desigualdad.

Porque las leyes de paridad nos dan amparo legal y –lo que es más importante- convierten nuestras reivindicaciones en derechos. Son los apoyos con los que contamos para seguir profundizando en el cambio cultural, para que la igualdad sea asumida como una cuestión de justicia, de democracia y de integración social.

5.Creo que la lucha por la paridad está llena de lugares comunes que alimentan el inmovilismo y también un cierto infantilismo que nos impide seguir avanzando y dotando de madurez al feminismo (“las mujeres lo hacemos mejor, somos más trabajadoras”,… y, qué pasa si no lo somos?? Argumento infantilizante… ).
Mientras tanto, las artes, la cultura, la política, etc. continúan siendo cosa de hombres, especialmente en lo que hace referencia a la dirección y gestión (directores de museos, de orquestas, gestores de producción, son hombres, … igual que lo son la mayoría de los directores de centros culturales o educativos).

6.En estos tiempos de discurso políticamente correcto, uno de los mayores riesgos en la lucha por la igualdad es el de reivindicar y justificar la participación de las mujeres en la vida social en términos de diferencias comportamentales o de talante entre hombres y mujeres, en lugar de centrarla en la igualdad de derechos. Yo tengo mis propias ideas sobre el rol de las mujeres: estoy convencida de que la capacidad para captar y procesar la realidad, la flexibilidad y la inteligencia emocional son valores más frecuentes, aunque no exclusivos de las mujeres. Pero creo que con el argumento de que tenemos visiones diferentes y de que falta la nuestra etc., nos arriesgamos a consagrar un discurso que juega a veces a favor y otras en contra de las mujeres, pero que siempre termina dañándonos. Me interesa concretar esta idea.

7.Bien. A las mujeres se nos atribuyen características –o virtudes- que nos mantienen atadas a nuestra condición; una mujer, incluso la más exitosa, es una mujer que ha tenido éxito y no –como en el caso del varón- alguien que ha tenido éxito.
El acceso de las mujeres a la participación y la gestión de las organizaciones -empresariales, artísticas, culturales, etc.- deben fundarse en el hecho sociológico de que somos el cincuenta por ciento y que no debemos ser aminoradas que lo somos en estos momentos. Y no deben basarse en unas virtudes o cualidades con las que supuestamente vamos remediar los desastres provocados por los hombres (entiendo en este sentido la reivindicación a la mediocridad de las mujeres.)

8.La comunidad internacional ha empezado a comprender lo fundamental: que las mujeres estamos igual de afectadas que los hombres por los problemas que afronta la humanidad en el siglo XXI. Y que tenemos derecho a participar activamente en la búsqueda de soluciones a pié de igualdad.

Esta nueva cultura social basada en la igualdad de hombres y mujeres sólo va a consolidarse si participamos en condiciones de equidad efectiva. La paridad es necesaria para corregir una injusticia que dificulta la presencia y la participación social de las mujeres (50% de la población, no presente), pero no para que las mujeres actúen, en tanto que tales, de otra manera. Demostrar que lo hacemos mejor –si lo hacemos- debe valer para superar el 50% de justicia.