2012-12-11

¿La versión vasca del PP?

Lo leí en DEIA y me gustó. Josu Erkoreka, además de hablar, escribe claro y fácil de entender, que siempre es de agradecer.

En este artículo, de título ¿La versión vasca del PP? aborda una temática recurrente en el debate político general como es la tendencia facilona de algun@s a clasificar todo y a tod@s en casillas prefijadas y predispuestas para la descalificación política inmediata.

Pero en política, como en la vida misma, no todo es blanco o negro. Por suerte, la diversidad de tonalidades cromáticas es bastante más amplia y rica de lo que much@s creen y lo que es peor, quieren o pretenden hacernos creer.

Merece la pena proceder a su lectura.


Del Blog de Josu Erkoreka

En una conversación casual que mantuve recientemente con un militante histórico de la izquierda abertzale, me sorprendió la monumental simpleza con la que se empeñaba en caracterizar al PNV como un partido de derechas. “Vosotros sois -me repetía una y otra vez- como el PP, pero en vasco”. Y su insistencia me invitó a sospechar que no se trataba de una opinión personal, sino una una consigna estratégica concebida por alguien con el propósito de conformar opinión a base de ser repetida hasta la saciedad.

Esta manera de definir la identidad ideológica del PNV como la versión vasca del PP, ya la había escuchado antes en Madrid. Y nunca me había extrañado el hecho de que los analistas que se aproximan a los fenómenos políticos desde una perspectiva hispanocéntrica, tiendan a proyectar sobre el escenario global los mismos esquemas que delimitan el panorama político español. Porque en la capital del Reino hay más de un observador -con orejeras y poco viajado- que está convencido de que, como en España, los dos protagonistas principales de la pugna política son el PP y el PSOE, ese modelo bipolarizado, que enfrenta, básicamente, a una derecha de raíz conservadora con una izquierda de evocaciones socialdemócratas, tiene que darse necesariamente en todos los ámbitos geográficos y exactamente en los mismos términos en los que se manifiesta en la política española. Como si en el ámbito del sistema de partidos, la política española marcase una pauta de validez universal, que ha de reproducirse milimétricamente en todas partes, sin matices ni excepciones.

Las gafas rigurosamente españolas con las que este tipo de analistas proyectan su mirada hacia la realidad política, les conducen a la engañosa creencia de que, políticamente hablando, el mundo no es más que una España más grande, donde el juego político se lo reparten -y sólo se lo pueden repartir- dos actores básicos: una formación equivalente al PP y otra asimilable al PSOE. No hay más. De ahí su necesidad de identificar al PNV con el PP. Porque si el PNV no es la expresión vasca -o, si se prefiere, nacionalista vasca- del PP, sus esquemas se desploman y no son capaces de entender nada de lo que ocurre en Euskadi.

Este fenómeno -insisto- es frecuente y hasta cierto punto comprensible entre los observadores que miran al mundo desde la equivocada concepción de que la realidad política española les aporta todas las claves que necesitan para comprender e interpretar lo que sucede en cualquier ámbito político. Lo que no resulta tan fácil de comprender es el hecho de que gentes que se jactan de no hallarse contaminadas por la política española, incurran en el mismo error y tiendan a interpretar el mosaico ideológico que opera en Euskadi, desde los estrechos esquemas impuestos por este hispanocentrismo de criterio estrecho y mirada corta. Porque basta abrir los ojos y mirar al mundo para darse cuenta de que, afortunadamente, el mapa ideológico es, en muchos lugares, bastante más rico, diverso y cargado de matices que el que se ve reflejado en esa fotografía bipolarizada de la política española.

Cuando me han planteado esta cuestión en Madrid, he remitido a mis interlocutores a las equivalencias internacionales de las diferentes formaciones políticas. Lo que me ha resultado francamente útil para flexibilizar sus esquemas de análisis y lograr que se aproximen a la realidad con menos prejuicios y más apertura. Las referencias a la política francesa o italiana me han parecido particularmente clarificadoras, a este respecto, porque me han permitido hacerles ver que en estos dos países, como en gran parte de Europa, la derecha conservadora y la izquierda socialista conviven con un centro de inspiración humanista, que juega e influye en la vida política, desde planteamientos socialmente progresistas que descansan sobre el papel central que corresponde al ser humano entre los designios de la acción política.

En las últimas elecciones presidenciales francesas, por ejemplo, el PP sintonizaba con Sarkozy y el PSOE con Hollande. El PNV no comulgaba ni con el uno ni con el otro. Nuestro correlato en aquellos comicios era el centrista François Bayrou, candidato del Movimiento Demócrata (MODEM) y vicepresidente del Partido Demócrata Europeo, del que el PNV es miembro y cofundador. En la segunda vuelta, Bayrou votó a favor de Hollande.

En Italia, el PP nunca ha negado su afinidad con Berlusconi. Las preferencias del PNV, por el contrario, se han encauzado a través de personalidades, estilos y espacios ideológicos completamente diferentes: Romano Prodi, del Partido Democrático Italiano, que presidió el Gobierno de centroizquierda que Berlusconi consiguió destruir con sus malas artes y Francesco Rutelli, líder de la Margarita y vicepresidente, también, del Partido Demócrata Europeo.

Estas referencias les hacen ver que, sin necesidad de remitirse a la concertación chilena, o a otras experiencias similares de países remotos, aquí al lado, en Francia y en Italia, la rigurosa bipolaridad de raíz hispana con la que ellos se aproximan a la caracterización ideológica de los partidos políticos, tiene un valor muy relativo para comprender el modelo. Lo que significa que, en el corazón de Europa, las formaciones políticas que no se reivindiquen como socialistas o socialdemócratas, no tiene por qué encajar, necesariamente, en el perfil conservador del PP.

Entre nosotros, sin embargo, considero más efectivo recurrir al legado de Agirre para constatar la existencia de ese espacio político de centro humanista que cree tanto en la libertad individual como en la economía social de mercado. Ya en las Cortes de la II República, Agirre quiso abrirse camino en la selva dialéctica que enfrentaba a derechas e izquierdas -una fraseología, la de las derechas y las izquierdas, que él consideraba “ridícula”- apelando a la prevalencia de los valores sobre las etiquetas formales: “si ser de derechas –afirmaba ante el hemiciclo el 26 de agosto de 1931- es ser opuesto a los avances legítimos de la democracia en contra de los poderes absolutos, si esto es ser derecha, nosotros somos izquierda […] Y si por derecha se entiende, en el orden social, oposición a los avances legítimos del proletariado, llegando incluso a la transformación absoluta del régimen presente […] en el terreno económico, si eso se entiende derecha, también somos izquierda. Ahora bien, si por izquierda se entiende el ir contra la familia, contra los sagrados principios de la Iglesia católica, cuyas normas nosotros profesamos, entonces, en esa fraseología que estimo ridícula, somos derecha”.

Tras la II guerra mundial, Agirre estaba persuadido de que en un mundo crecientemente dividido por la guerra fría, la sensibilidad europea propendía hacia una fórmula intermedia entre el capitalismo salvaje y el comunismo totalitario que conciliase los avances sociales preconizados por la izquierda, con el respeto a la libertad y a la dignidad humanas que propugnaba la democracia liberal. De ahí surge su temprana vinculación con los promotores de la democracia cristiana.

Durante años, estos valores han impregnado con fuerza el universo ideológico del PNV. De suerte que, tras la dictadura, se aprueba una ponencia socioeconómica en la que se declara animado por un espíritu de justicia “que persigue la búsqueda de una alternativa a los planteamientos capitalistas y colectivistas, en un intento de superar las deficiencias de ambos sistemas y de configurar las bases de una nueva sociedad”.

En Europa, esta corriente de pensamiento se encuadra hoy en el Partido Demócrata Europeo, que el PNV contribuyó a fundar el año 2004. Un partido europeísta que aúna en un mismo prontuario ideológico la libertad política, como base de la dignidad del ser humano y del libre desarrollo de su personalidad, con la solidaridad y la justicia social, que definen el marco colectivo en el que ese desarrollo alcanza su máxima expresión. Un proyecto político que cree en la economía social de mercado, como un modelo ideal que armoniza la libertad de empresa con la obligada intervención reguladora y redistributiva de los poderes públicos

Quien siga pensando que el PNV es la versión vasca del PP, o no sabe lo que dice, o actúa de mala fe.