2014-09-17

Vicrila, la centenaria empresa de Leioa con presencia en Getxo





Desde 1890 lleva Vicrila trabajando el vidrio en Leioa. Más de cien años por tanto de presencia e influencia innegable, no solo en el municipio vecino, sino en todo su entorno, también en Getxo y más concretamente en Areeta en la que, por ejemplo, levantó el bloque de viviendas para sus trabajador@s que todavía hoy ocupa un espacio importante en nuestro barrio de Santa Ana.

Muchos han sido l@s getxoztarras que a lo largo de estos más de cien años, han trabajado en sus instalaciones, en muchos casos pasando el testigo de generación en generación, y muchas las vicisitudes por las que ha pasado la empresa en este largo periplo vital. La última y tal vez la decisiva, la acontecida en el 2009, cuando la empresa francesa del grupo matriz o multinacional a la que pertenecía acordó su cierre, no porque no fuera rentable, sino porque, como hoy nos han explicado, el gobierno francés no permitía el cierre de más instalaciones en su territorio.

Vicrila, con una nueva dirección al frente, con sus trabajador@s y la ayuda del Gobierno Vasco, asumió el ingente reto de navegar en solitario fuera del grupo y tras muchas dificultades y obstáculos que superar, hoy es el día en el que se erige en referencia obligada, no solo en Euskadi, sino en el estado, de la producción de productos vinculados al vidrio, prueba evidente de la superación del terrible temporal que amenazaba con hundir la nave y con ella a toda su tripulación.

Hoy, en el día de su inauguración de la Fundación del mismo nombre, el Lehendakari Urkullu ha puesto a Vicrila como ejemplo claro de la apuesta de este país por la industria como pilar fundamental de nuestro desarrollo económico presente y futuro.

Y yo, lo reconozco, no he podido sino recordar emocionado a mi aitite que trabajó hasta jubilarse en la empresa, desde el horno a responsable de seguridad de la misma. Aitite, nacionalista hasta las cachas, nos transmitió a tod@s, hijos y niet@s, desde su ejemplo en la empresa, la cultura del esfuerzo y del trabajo como fórmula para transitar por una vida que afrontaba siempre con optimismo y con alegría. Hoy, viendo a su hijo al frente de la Fundación, recibiendo al Lehendakari Urkullu se hubiera sentido, sin duda, emocionado y orgulloso. Como lo estoy yo cada vez que me acuerdo de él.